Narcótico

El cerebro de Diego empezó a dimensionar realidades que el mismo no concebía antes. Sentía como esa persona había influido en él. Una taquicardia intensa le atacaba.

El efecto era claro, su percepción visual de las cosas habían cambiado y  el eco de aquella voz le resonaba en cada una de esquinas de su habitación. Una sonrisa bastaba para empezar una alucinación. La paranoia al encuentro visual le perseguía en su mente. Estaba totalmente desorientado, despersonalizado… Los delirios estaban a la vuelta de la esquina.

Lo que Diego no creyó es que la culpa no era de la persona sino de su psique. Lo descubrió en el instante en que se volvió y encontró otros ojos que le hacían entrar en transe. Fue una total repetición de lo anterior.

Ya con tanto  apetito de por medio, Diego trató de huir y se hizo a un lado. Dejó el camino libre, que ya de por sí estaba en medio de un encuentro inevitable entre las otras dos personas. Esto empeoró el estado de demencia de Diego. Era hora de buscar una solución.

Fue por ello que Diego buscó y se  fumó lo primero que encontró. Era preferible un fármaco a una droga emocional. Así fue que pudo experimentar como su mente se volvía libre de aquellas personas que habían influenciado sus neuronas. Por fin era libre de sentir lo irritable que era verlos. Podía ir y dormir tranquilamente. La ansiedad lo abandonaba. En su mente reinaba la anhedonia. Incluso pudo disfrutar al lado de aquellas personas que tanta confusión le generaban y quería llegar abrazar como si no hubiera un mañana. Aquello sí que era una medicina para las verdaderas drogas que le generaban tanta adicción.

Libre de fantasías y espejismos se hizo paso por un mundo nuevo. Aprendió que a veces,  la mente crea un mundo alternativo donde realmente no encajamos. Un efecto ilusorio… y por si fuera poco, el mundo real conspira para echártelo en cara cada segundo. La solución: Un nuevo mundo.

Sombras

No se sabe a ciencia cierta cuándo pasó o si fue desde un inicio, pero él sintió poco a poco que empezó a tornarse oscuro. Por un tiempo convivió tranquilo y sumiso con la luz que le rodeaba, sin embargo apenas las tinieblas lo invadieron empezó un proceso sin vuelta.

Una vez sintió que esta oscuridad le subía por el cuerpo cuando logró distinguir más allá de los típicos colores que se dice que los otros lograban hacer. Esto creó un mundo de matices y arcoíris en su mente difícil de ignorar. Y es que también ese cuerpo poco fornido nunca logró ganar un pulso, una pelea, mucho menos levantar obstáculos o pesas.

También apreció que lo rodearon cuando rechazó de lleno el curso de fútbol que le habían ofrecido sus padres. Desde ese día no se le oyó una conversación de este deporte, de hecho de ningún otro tampoco. Por otra parte se le observaba feliz ejecutando todo bailes donde incluso le gustaba combinar sus atuendos mientras escuchaba los problemas de sus allegadas. ¡Sí, todo a la vez!

Otra ocasión en que las percibía era cuando, con desprecio, rechazaba los cuentos acerca de las mil y una experiencias sexuales de los otros. A veces era imposible creer los números que arrojaban al aire. Y aún más sorprendente el nivel de promiscuidad e infidelidad que se desplegaba. El parecía apreciar los sentimientos, la calidez y la confianza. Lloró una y otra vez lavando lo que según los otros era falta de rudeza.

Definitivamente sintió como era invadido por las sombras cuando por cosas del destino entró en un vestidor masculino. No sentía empatía por el aspecto descuidado y de poca higiene de las personas que le rodeaban. Muchos lanzaban escupitajos por doquier mientras se paseaban sudorosos de un lado a otro. Otros se paseaban mostrando su desnudez al frente de los demás sin la más mínima seña de inhibición cómo dando un espectáculo a los allí presentes. Algunos estallaban entre risas mientras jugaban a “tocarse”, se observaban nalgadas,   y hablaban constante y obsesivamente de “tamaños.

Y como si fuese poco, había rechazado también la maña que observaba  de algunos de rascarse sus genitales sobre su ropa, constantemente, incluso mientras hablaban entre sí y lo intensificaban cuando la conversación parecía amena. Definitivamente sintió que el nivel de oscuridad crecía a grandes pasos. Desde ese día optó por la pulcritud, la reserva y evitar estos comportamientos a su parecer extraños.

En conversaciones de grupo los temas a tratar siempre fueron los mismos por lo que no le quedó más que quedarse callado. Las insistentes críticas de deportes, el apasionante mundo de los autos, los videojuegos de armas y una vez más los pechos de las mujeres. Tampoco pudo reparar conversación cuando le hacían una consulta sobre construcción, mecánica o electricidad. Sin duda después de un tiempo no era el favorito para salir. Fue así como sintió que la oscuridad terminaba de embargarlo porque además no pasaba la prueba de sus ebrios compañeros que tomaban en cantidades abundantes, no le agradaba la sensación del cigarro y evitaba a toda costa decir malas palabras. Calificó todas estas cosas como infantilidades.

Después de vivir todo esto su nivel de oscuridad estaba completo. Las sombras se habían apoderado de él y la gente terminó por notarlo también. Se convirtió para entonces en un monstruo para los demás, una abominación. Siendo diferente a ellos fue calificado como inhumano. El problema para él en adelante es que a pesar de sentirse desemejante, en medio de la oscuridad,  seguía sintiéndose hombre.

Espanto

Después de ocho horas de parto la criatura llegó a este mundo. Su madre esperaba impaciente la llegada de sus amigas, algunas vecinas y familia en general para darlo a conocer. Como siempre la primera en llegar fue Doña Raquel, “la chismosa del barrio”.

Raquelita,  como la llamaba la madre del recién nacido, entró felizmente cantando y bailando al son de una alegre cumbia, pero no tardó en sentirse en una película de horror al observar lo que le esperaba. Su cara pasó de una amplia sonrisa a un crudo y amargo apretar de labios. Instantáneamente sus manos buscaron algo en su chaleco.

La dichosa madre solo pudo observar cómo Doña Raquel salía con un teléfono celular en su mano y no volvió a entrar a la habitación.

No hubo más visitas. Tampoco los días que le siguieron a ese. Así, por cosas del destino, Alex inició su vida sin la popularidad que hubiese querido desde un principio.

Un te quiero pasajero

El día pintaba como cualquier otro. Cielo azul; nubes blancas; sol radiante y frío viento.  Ya de noche llegó a su casa, se desató los cordones, se cambió su ropa, se puso en comodidad y dejó su reloj junto a dos contadores en la mesa de dormir. Su amigo acompañante procedió entonces a copiar exactamente la misma rutina.

Absorbidos por el silencio y por lo oscuro de la habitación, se dieron cuenta que no querían dormir en camas separadas. Bastaron quizás solo cinco segundos para que estuvieran cuerpo a cuerpo.  Hubo masajes de manos;  prendas caídas; labios humedecidos y pieles erizadas.

Después de ello, grabadas en su mente, quedaron estas palabras de él:

-Te quiero mucho, te quiero muchísimo.

Procedió a sellar estas con un beso en la boca.

Al otro día al abrir sus ojos vio que era el único cuerpo en la habitación. Acercó sus pantuflas, se puso una bata y se dirigió a la mesita de noche. Se puso su reloj y cogió un contador de la mesa. Giró su manilla y un cuatro cambió rápidamente a un cinco. Lo colocó de nuevo en su lugar  y sujetó el otro. Observó la lectura con sus ojos café y se sintió un tanto triste porque esta no cambió.

Detrás de cada contador había una etiqueta. En uno se leía: “Número de te quieros” y el otro decía “Visitas que pasan de una noche”.

Armonía

Luis, el cantante amateur, había intentado por todos los medios de que su exnovia volviera con él. A Marta, conocida por su amor a la música, le llegaban cada día flores; cartas y paquetes cuidadosamente envueltos. Esos presentes se acumulaban al final del vestíbulo y no pasaban de allí.

Luis nunca supo por qué Marta se alejó tan súbitamente de él pero aún así decidió recuperarla, y sabiendo la debilidad de Marta por la música, tenía un último plan antes de dejarse vencer.

-Si logro posicionar una canción en el número uno que diga lo mucho que la quiero, ella volvería a mí – se dijo a sí mismo.

Así que Luis empezó a escuchar todas las canciones de amor que pudo encontrar. Recolectó todos los “lugares comunes” de dichas letras. Armó sus 4 estrofas perfectas con rima y le agregó una melodía pegajosa.

Para el último lunes de abril aquella canción fue el éxito del momento pero para desgracia de Luis, este no tuvo nunca una respuesta de su amor.

Ese mismo día, Marta salía de su quinta cita con el otorrino. Sostenía un papel en sus manos mientras finas gotas lo humedecían.

En él podía leerse lo siguiente:

“Marta no hemos tratado antes con tal pérdida repentina y total de la audición, lo lamento no podemos sanar su cóclea”.

Sueños de un pasado

—-Dedicado a MJ, quién le dio luz a mis sueños aún sin conocerla—-

Muchas veces creía ver su silueta entre las sombras de la calle. Otras veces imaginaba escuchar su voz entre los tumultos que se abarrotan en las tiendas. En ocasiones cuando me rodeaba de espejos, la veía acercándose y abrazarme por detrás, mientras  sus labios jugaban con mi oreja.  Y así durante mucho tiempo ansiaba encontrar a la mujer de mis sueños. Continúa leyendo Sueños de un pasado

Nocturno

CALOR, sólo sé que hace calor. La madrugada avanza mientras yo me SIENTO en un grado de retroceso, PUES me siento como quien se monta en escaleras eléctricas mirando hacia AL LADO contrario. Aunque TENGO ganas de dormir, mi mente no me lo permite, algo me inquieta. ¿Cómo llegué A esta estado? Lo que sé, es que QUIEN no acepte que ha estado en esta situación de insomnio debe estar mintiendo. No es que ME compare  con la noche pero todo está sumamente tranquilo.  No fue un sonido lo que me DESPERTÓ. No entiendo CON qué instrumento guiarme en estas situaciones. Estoy tranquilo porque sé que en vela me acompañan los APASIONADOS trabajadores nocturnos que al otro día llegan anunciando su llegada con BESOS a su familia. ¿Por qué estoy así? ¿Acaso no lo lees?

Fuego de luz

…y amaneció mi alma más temprano. Martes de lluvia y sol. Estoy más que seguro de que hoy  te amé más que ayer. Me ubiqué en tu norte, y fui un triángulo agudo, veintisiete grados para ser exactos, para verte desde lo alto. Pero jamás querré irme a tu lado sur, de vista oscura, porque te vería ya menos que ayer. Anda enciende tu hoguera, fuego de luz, enciéndela en mi corazón; quémalo. Celebra el día en que estaré más en tu memoria. La luz hará su apogeo,  resplandecerá en las lápidas de nuestros cuerpos, que serán monumentos más famosos que Stonehenge. Recuerda este día porque cuando llegue la noche, será una noche corta. Cansados de diez horas de luz,  nada asegurará que sigas junto a mis pensamientos. Se cerraran nuestros ojos, pues mañana empezará otro día más corto que el de hoy. El solsticio ha concluido, el amor mañana lo sabremos…