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Estás presente o no estás

das la mano o simplemente

acercala falsamente,

sonríes o escondes diente.

 

No abrazas, tú aprisionas

mil caras ninguna de frente

día a día todas cambias,

no hay amor hoy existente.

 

Total que es la  amistad,

más que apoyo inconsciente

circunstancia absurda, sí,

de la independencia, muerte.

Ladridos en una madrugada de abril

Aquellos eran días llenos de rayos de sol y repletos de risa. Tenía un par de esferas redondas, sí, eran redondas y con brillo, puesto que la luz se reflejaba en aire, es decir, no en agua. Los diez años y cuatro días de ladridos prometían júbilo y esperanza.

Estando allí donde me encontraba, solía rodearme de seres que me acompañaban, y a pesar de ser inanimados,  me hablaban con sus lenguas de plástico y jadeaban. Me daban abrazos, que venían e iban, y al sonar de las carcajadas nuestras colas se movían.

Me sacudía en un mundo real, una dimensión paralela de una mente “inmadura” y navegaba libre. ¡Volaba libre!, volaba pues no teníamos collar, ni jaula ni cadenas que nos ataran. Rápidamente podía huir de un conflicto acompañado de mi amigo más fiel, un perro feroz y cariñoso. El gran guía en mi camino, que me llevaba de vuelta para encontrar un ambiente estable tan solo dos horas después.

Para el final de una tarde las hojas fueron cayendo, y sin quererlo mi amigo fue reemplazado por unas frías y calculadoras máquinas. Tristemente, éstas no me defendieron ni me dieron consuelo y tampoco soltaron un ladrido de ayuda en media madrugada. Todo cambió, para bien o para mal,  pero aún me encuentro en tardes de abril.

La innombrable

Hoy le di mi primer mordisco,  probé por primera vez su sabor. Ella al parecer, ya venía con su propio nombre, ese mismo que la caracterizaba pero el cual por ser nuestro primer acercamiento me pareció irrelevante. Su forma por otra parte, es realmente perfecta.

Para ser nuestra primera vez, no logro sentirla tan profunda. Quizá deba probarla aún más, porque al fin y al cabo, yo la elegí. Sé que mucha gente lo ha hecho antes que yo, sin embargo nunca imaginé probar una de su tipo.

Su sabor no está mal, debo admitirlo, de pronto empieza a gustarme. Es más debo agregar que no puedo dejar de probarla pues atrae mi paladar. Mordisco a mordisco la deseo constantemente, pues me gusta esta nueva adicción.

Después de un tiempo, que al parecer fue algo efímero, las cosas están llegando a su final. Nuestra relación termina en un abrir y cerrar de ojos. Algo de esto me parece conocido, al parecer esta historia me parece familiar. Esta fruta no debería llamarse pera, debería llamarse como ella.